10 Oct

"Hemos aprendido mucho de esta experiencia de voluntariado internacional y marcará a partir de ahora nuestro día a día como familia"

La familia Ponce nos cuenta su experiencia de voluntariado internacional de verano en Lima, Perú.


¿Por qué decidimos realizar la experiencia?

Cuando nos plantearon cuáles serían las vacaciones de verano de este año lo hicimos en familia, los cuatro ante la mesa pensando donde nos gustaría ir y qué nos gustaría hacer.
La idea de poder ir a ayudar a otras personas nos atraía a todos, pero es cierto que en un principio los dos adolescentes de casa encontraban que deberían sacrificar una gran parte de sus actividades que sólo las pueden hacer en esta época de calor y de vacaciones.


La ONGD VOLS nos dio la oportunidad de poder participar en familia de un voluntariado internacional. La formación organizada a lo largo del año terminó de abrir los ojos y de convencer a los fills.El destino final de nuestra experiencia fue Perú el mes de agosto.


La llegada a Lima y nuestra actividad en Carapongo


Aterrizamos en Lima y ya en el aeropuerto nos esperaban dos de las salesianas que nos acogerían en su casa, la escuela Mª Auxiliadora de Barrios Altos, en Lima.
Al día siguiente de la llegada nos llevaron a hacer misiones (actividades) a Carapongo, un pueblo en las afueras de Lima donde el año 2017 sufrieron las consecuencias de los huaicos (deslizamientos). La colina del pueblo se deshizo por las lluvias destrozando todo lo que encontraba por delante. Hoy en día todavía hay restos de aquellos derrumbes, las calles están sin asfaltar y el pueblo continúa en perpetua construcción.


Al llegar al pueblo fue como tener un velo en los ojos. Todo era monocolor, gris. El ambiente con una niebla continua y, al mismo tiempo, todo estaba bañado de una capa de polvo que no dejaba ver el color de la vida y la alegría.


Las misiones consistieron en ofrecer un centro a los niños del pueblo que se encontraban de vacaciones escolares y no tenían otra opción que estar en la calle o solos en casa sin nada que hacer. Con un grupo de chicas adolescentes, de diferentes escuelas salesianas, dos chicos de los oratorios salesianos, dos salesianas y dos maestros iniciamos la casa - oratorio con unos 25 chicos y chicas de entre 2 y 19 años.


Cada día se ofrecían momentos de acogida y animación, catequesis y talleres, patio y desayuno en dos momentos de la mañana, lo que los pequeños agradecían mucho. Poco a poco el ambiente creado en las misiones se fue contagiando por el pueblo y cada día que pasaba el número era más y más grande.


Poco a poco vas viendo cambios


Durante la estancia en Carapongo vimos un cambio significativo en los niños que llegaban por la mañana. La desconfianza inicial del primer día y su expresión se fueron transformando a medida que pasaban los días. Cada mañana los esperábamos y los recibíamos en la puerta con una sonrisa y ellos nos lo agradecían con abrazos. Venían contentos y cada nuevo día éramos más y más hasta llegar a un total de 120.


Conociendo la realidad de las familias


Tuvimos la oportunidad de hablar con algunas familias del pueblo y la situación y la realidad que vivían no era fácil. No tenían trabajo, sobrevivían con precariedad y la zona no daba oportunidades para poder superar la situación. El entorno de convivencia era cada día más difícil con la ola de migrados venezolanos que llegaban con condiciones aún de más necesidad que la de los locales. El miedo y la inseguridad era muy grande. La desaparición de niños es una realidad bastante habitual en la zona. Sin embargo muchos, salían sólo una vez se acababa el oratorio.


Los días en Carapongo se terminaron sin darnos cuenta. Conseguimos llevar un poco de alegría en la zona, un pequeño rayo de sol en medio de la niebla. Las familias y los niños y niñas nos lo agradecieron y deseaban poder tener otro centro al año siguiente.


De vuelta al proyecto de Lima


Volver a la escuela Mª Auxiliadora nos dio la oportunidad de descubrir otra realidad. Barrios Altos es considerado una de las zonas más peligrosas de Lima. El nivel de delincuencia, tráfico de drogas y armas es muy alto. Esta situación se ve agravada con la tasa elevada de paro y la falta de posibilidades para salir de este círculo.


La escuela de primaria y secundaria está dedicada a la educación de las niñas del barrio desde 6 hasta 16 años. También los niños del barrio que no van a esta escuela, tienen la oportunidad de tener un entorno salesiano los sábados con el oratorio. Son ocho las salesianas que llevan adelante esta obra. En este entorno la escuela se convierte en un pequeño oasis en medio del desierto. Aquí es donde claramente ves la necesidad de actuar, la necesidad de la educación, de la transmisión de valores cristianos y salesianos que ayude a formar personas que el día de mañana transformen su entorno. Los cuatro hemos puesto nuestro granito, no hemos hecho más. Para la gente del país nuestro gesto han valorado como un gran trabajo.

¿Qué nos llevamos de la experiencia?


Lo que nos hemos llevado de la experiencia ha sido mucho. Convivir en el día a día con la gente nos ha dado la oportunidad de ver más allá, de acercarte a realidades escondidas pero muy reales y presentes. Ha sido muy enriquecedor hacer un voluntariado para poder llegar a aquellas personas que sin esperar nada, agradecen de manera infinita el apoyo y la sonrisa de quien llega.
Nuestro reto como familia era aprender y disfrutar de lo que viviríamos. Después de las vacaciones siempre pones calificativos; han sido bonitas, otras han sido tranquilas, entrañables ..., pero hay viajes que dan para mucho más. La experiencia de este año además, ha sido cargada de sentimientos, de emociones positivas y a veces también contrariadas, lleno de valores compartidos en familia en un entorno salesiano. Una experiencia que de seguro nos ha enseñado mucho y marcará nuestro día a día a partir de ahora.

Familia Ponce Márquez (Miguel, Quim, Remedio y Manolo)

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